EXPERIMENTO BATE EL RÉCORD MUNDIAL DE TELEPORTACIÓN CUÁNTICA

 Investigadores de Austria, Canadá, Alemania y Noruega, con financiación de la ESA, han logrado transferir las propiedades físicas de una partícula de luz, un fotón, a otra partícula mediante teleportación cuántica, estableciendo así un vínculo que cubre los 143 Km que separan el telescopio Jacobus Kapteyn, en la isla canaria de La Palma, y la Estación Óptica de Tierra de la ESA en Tenerife, de España ambas islas.

Ambas partículas deben antes ‘entrelazarse’. Una vez hecho esto, la medida de una determinada propiedad física, como la polarización o el espín, generará el mismo resultado en ambas partículas, independientemente de cuán alejadas están y sin que se transfiera físicamente ninguna otra señal entre ellas.

La teleportación cuántica no es copiar, en el sentido más estricto del término, puesto que el acto de transferir información de una partícula a otra destruye la partícula original -sus características se transfieren a la partícula entrelazada-.

Albert Einstein se refirió al fenómeno del entrelazamiento cuántico como una “espeluznante acción a distancia”, pero se trata de un fenómeno físico documentado y fundamental en una futura generación de ordenadores ultrapotentes, basados en la teleportación de bits cuánticos o qubits. También es esencial en sistemas inviolables de comunicación encriptada.

“La primera teleportación cuántica tuvo lugar en condiciones de laboratorio. El desafío aquí ha sido mantener el entrelazamiento entre ambos fotones a una distancia de 143 Km, a pesar de las perturbaciones de las condiciones atmosféricas”.

El experimento hubo de ser diseñado con el máximo cuidado, pues exigía una relación señal-ruido muy baja.

Se instalaron detectores de fotones muy sensibles, y se sincronizó los relojes en las estaciones de origen y de destino con una precisión de 3.000 millonésimas de segundo.

Con esto último los investigadores se aseguraban de que se detectaban los fotones correctos -la precisión máxima que proporciona la señal GPS es de 10.000 millonésimas de segundo-.

Los equipos tuvieron que esperar casi un año, después del fallo de un primer intento debido al mal tiempo.

Los dos telescopios están localizados en terreno volcánico, a 2.400 metros de altura, y deben hacer frente a condiciones meteorológicas duras para este tipo de medidas, como viento, lluvia, nieve y tormentas de polvo.

El experimento finalmente tuvo lugar en mayo pasado, y se logró establecer un nuevo récord en cuanto a distancia de la teleportación.

“El siguiente paso será conseguir la teleportación con un satélite en órbita, para demostrar que la comunicación cuántica es posible a escala global”, ha comentado Rupert Ursin, de la Academia Austriaca de Ciencias.

La campaña de medición entre islas se llevó a cabo en el marco del Programa de estudios Generales de la ESA para demostrar que es posible la teleportación cuántica para futuras misiones espaciales.

El experimento es también un excelente ejemplo de cómo los científicos de diferentes Estados Miembros de la ESA pueden aunar fuerzas y llevar a cabo experimentos extraordinarios con la Estación Óptica de Tierra de la ESA. (Fuente: ESA)

EL MOTOR ELÉCTRICO MÁS PEQUEÑO DEL MUNDO

Un equipo de científicos ha desarrollado el primer motor eléctrico del mundo hecho de una sola molécula, un avance que podría conducir a la creación de una nueva clase de dispositivos utilizables en aplicaciones que van desde la medicina a la ingeniería.

Este motor eléctrico tan singular, creado por químicos de la Universidad Tufts, mide apenas 1 nanómetro de extremo a extremo, por lo que supera de manera notable el anterior récord mundial de esta clase de dispositivo, que ostentaba hasta ahora un motor de 200 nanómetros. Para tener una referencia clara de los tamaños de los que estamos hablando, recordemos que un cabello humano mide alrededor de 60.000 nanómetros de grosor.
En los últimos tiempos, ha habido avances significativos en la construcción de motores moleculares energizados por la luz y por reacciones químicas, pero ésta es la primera vez que se ha demostrado en funcionamiento un motor molecular energizado eléctricamente.
El equipo de E. Charles H. Sykes ha conseguido controlar el motor molecular usando electricidad por medio de un microscopio de Efecto Túnel y baja temperatura (LT-STM, por sus siglas en inglés) de última generación.
El equipo utilizó la punta metálica del microscopio para suministrar una carga eléctrica a una molécula colocada sobre una superficie conductora, de cobre. La molécula empleada como motor, contenía azufre, y tenía átomos de carbono y de hidrógeno que se proyectaban hacia fuera de ella para formar lo que parecían dos brazos. Estas cadenas eran libres de girar alrededor del enlace azufre-cobre.
El equipo determinó que mediante la regulación de la temperatura de la molécula sería posible controlar la rotación de la misma. Y así fue. El motor giraba más deprisa con temperaturas más altas.
Este motor u otros parecidos pueden ser de utilidad en algunos dispositivos médicos sensores que utilizan cañerías diminutas. En estructuras tan pequeñas, la fricción del fluido contra las paredes de la cañería aumenta de modo considerable, en comparación con el que se registra en tuberías de tamaños más normales y uso cotidiano.
Cubriendo las paredes de esas cañerías minúsculas con motores más pequeños que ellas, como los del tipo diseñado y probado por el equipo de Sykes, se podría ayudar a mejorar la circulación de los fluidos por esos conductos.

CHIP QUE SE AUTOABASTECE DE ELECTRICIDAD

Unos investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge, Estados Unidos han dado un importante paso hacia el desarrollo de sistemas de monitorización que no necesiten baterías. Estos sistemas podrían ser usados en dispositivos biomédicos, sensores medioambientales en lugares remotos, y medidores emplazados en sitios de difícil acceso, entre otras aplicaciones.

El nuevo sistema desarrollado por estos científicos podría generar electricidad a partir de la luz, del calor y de las vibraciones, combinando las tres fuentes, y con la electricidad resultante alimentar a sistemas de monitorización.
Anteriormente, se habían realizado trabajos en el laboratorio de Anantha Chandrakasan del MIT enfocados al desarrollo de chips para computación y para comunicación inalámbrica capaces de hacer su trabajo consumiendo muy poca energía, e instalables en diversos dispositivos capaces de obtener electricidad a partir de la luz natural, el calor y las vibraciones presentes en el entorno. El desarrollo más reciente, llevado a cabo con Saurav Bandyopadhyay, es un chip que podría obtener energía de estas tres fuentes del entorno a la vez, optimizando así su abastecimiento de electricidad. Esto representa una gran ventaja ya que estas fuentes tienden a ser de actividad intermitente e impredecible.
Un nuevo sistema podría generar electricidad a partir de la luz, del calor y de las vibraciones, combinando las tres fuentes.
Hasta ahora, la mayoría de los desarrollos técnicos encaminados al aprovechamiento de múltiples fuentes de energía habían conducido a dispositivos que simplemente pasaban de una fuente a otra, aprovechando sólo la que en un momento dado estuviera generando la mayor cantidad de energía. Esa estrategia desaprovecha la energía suministrada por las demás fuentes. En cambio, el nuevo dispositivo extrae y combina la energía de varias fuentes simultáneamente.

PEZ ROBÓTICO CON PANEL SOLAR PARA ENVIAR DATOS A CIENTÍFICOS

Conocido como el “Mola” es un pez robótico que diseñaron un grupo de científicos con el objetivo de extraer toda la información y datos que se puedan sobre el océano para entender un poco mejor este mundo tan inexplorado por el ser humano.
Lo interesante es que es un pez que prácticamente es un panel solar, toda la energía que necesita para nadar y enviar datos lo hace gracias al panel solar que tiene instalado que es su cuerpo, Mola, no tiene ninguna batería ni ningún sistema de almacenamiento (sería muy pesado) así que la luz del sol que captura pasa directo. Cuenta con una cola flexible que utiliza como energía extra cuando el panel solar que es su cuerpo no es suficiente.
Mola no solo nada en la superficie, se puede sumergir tanto como lleguen los rayos del sol, es por eso que generalmente lo ponen a nadar en aguas muy claras.

MATERIALES INTELIGENTES REDUCEN LAS VIBRACIONES Y EXTRAEN ENERGÍA

Se trata de elastómeros con actividad eléctrica, que pueden tener múltiples aplicaciones
Ingenieros del Fraunhofer Institute for Structural Durability and System Reliability (LBF), en Alemania, han logrado avanzar en el desarrollo de materiales inteligentes que pueden disminuir las vibraciones y extraer energía del medio ambiente. Los nuevos elastómeros son capaces de amortiguar las vibraciones molestas en un coche, por ejemplo, o de suministrar energía en forma inalámbrica para sensores que deben trabajar en lugares inaccesibles.
Los elastómeros proactivos resultan mucho más eficaces en el control de las vibraciones y pueden producir energía.
En reiteradas ocasiones, las vibraciones pueden condicionar de forma negativa diferentes procesos o sistemas, y en esos casos la presencia de materiales que puedan eliminarlas o reducirlas resulta muy útil. Si, además, estos dispositivos pueden capturar energía de las vibraciones, la solución resulta aún mucho más efectiva.
Es el caso de un nuevo desarrollo de ingenieros del Fraunhofer Institute for Structural Durability and System Reliability (LBF), de Alemania,, que promete tener un fuerte impacto en el campo del diseño automotor o de los sensores utilizados en áreas de difícil acceso, entre otras aplicaciones.
Un problema cotidiano, como andar en bicicleta en una calle cubierta con adoquines, nos pone frente a la necesidad de contar con materiales capaces de amortiguar y contrarrestar las molestas vibraciones y golpes. Algo similar sucede al conducir un automóvil en terrenos muy irregulares.
Muchas motos, bicicletas o automóviles incluyen en sus asientos repletos de silicona estos elastómeros, materiales elásticos y maleables que pueden hacer frente a las vibraciones. Sin embargo, los ingenieros del LBF en Darmstadt, Alemania están decididos a ir un poco más allá, trabajando en una próxima generación de elastómeros.
Estos nuevos materiales inteligentes son capaces de responder activamente a las vibraciones no deseadas, amortiguándolas de una manera mucho más eficaz e incluso obteniendo energía de las mismas.
Los resultados de esta investigación han sido difundidos a través de una nota de prensa de Fraunhofer-Gesellschaft, y además se desarrollaron en un artículo publicado en el medio especializado Phys.org.
Los elastómeros han sido utilizados en el campo de la ingeniería durante décadas, por ejemplo en los cojinetes para motores de vehículos. Hasta ahora, han tenido un efecto puramente pasivo con relación a las vibraciones o el impacto en choques. Serían mucho más eficaces si fueran capaces de responder de manera proactiva y contrarrestar las vibraciones.
De la misma manera que un jugador de tenis ralentiza la pelota tirando hacia atrás la raqueta en el golpe denominado drop shot, un elastómero activo puede extraer la energía de la vibración de forma selectiva ante los movimientos de balanceo. Teóricamente, esto haría que la vibración se disipe totalmente.
Según explica William Kaal, uno de los especialistas del LBF que participaron de la investigación, ya existen materiales que son adecuados para este propósito. Se los denomina elastómeros electroactivos, y son sustancias elásticas que cambian de forma cuando se exponen a un campo eléctrico.
El secreto es aplicar una corriente alterna para que el material comience a vibrar. Si existen dispositivos electrónicos inteligentes capaces de controlar a los elastómeros, haciéndolos vibrar precisamente ante determinadas circunstancias, entonces las vibraciones no deseadas en un equipo, superficie o motor se disiparán en su mayor parte.
Para demostrar que este principio funciona, los ingenieros e investigadores de Fraunhofer-Gesellschaft han creado un modelo. Más pequeño que un paquete de cigarrillos, se compone de 40 capas ultradelgadas de material elastómero, en el marco de un campo eléctrico que lo estimula.
El reto fue el diseño de los electrodos que componen el campo eléctrico que actúa junto a las capas de elastómero, ya que habitualmente los electrodos están confeccionados con metal. Sin embargo, la rigidez de los metales impediría la deformación del elastómero. Los expertos hallaron una solución ingeniosa para este problema, que consistió en la apertura de agujeros de tamaño microscópico en los electrodos.
De esta forma, cuando el voltaje eléctrico deforma al elastómero el mismo logra dispersarse y se expande a través de los diminutos orificios. El enfoque ha demostrado ser muy eficaz en términos generales en las pruebas realizadas, y una de las aplicaciones imaginadas por los ingenieros de LBF tiene que ver con la construcción de vehículos.
Como las vibraciones del motor pueden ser muy perjudiciales, siendo canalizadas a través del chasis en el interior del coche, los nuevos elastómeros activos pueden ayudar a reducir estas vibraciones en los automóviles. Además, los dispositivos también pueden absorber las vibraciones de su entorno para producir energía, por lo que podrían facilitar la alimentación energética independiente de los sensores que necesitan trabajar en sitios de difícil acceso, como por ejemplo aquellos que monitorean los puentes en forma permanente.

NUEVO MATERIAL PERMITE UTILIZAR MEMORIA DE ALMACENAJE PERMANENTE

De esta forma, terminaríamos con el uso de la memoria volátil RAM, que ocasiona pérdidas de trabajo si el suministro eléctrico se interrumpe.

La multitarea tiene un precio: tu ordenador consume mucha electricidad manteniendo disponible el trabajo que aún está abierto y no has guardado en el disco duro. Los estadounidenses gastan unos 6.000 millones de dólares al año en mantener los datos mientras sus trabajos se terminan. Pero esas cifras podrían bajar drásticamente, según informan los científicos, gracias a un nuevo tipo de material que puede almacenar permanentemente esos datos, sin necesidad de utilizar electricidad de forma continua.
Los ordenadores personales fían el almacenaje de los datos binarios a dos tipos de memoria, en forma de unos y ceros. El disco duro almacena la información en cadenas con orientación magnética, grabadas en un disco magnético: imagina miles de millones de agujas magnéticas apuntando al norte o al sur, cada una representada por un 1 o un 0. Debido a que esta orientación magnética permanece fija hasta que es conmutada de forma deliberada, este tipo de memoria es estable, no requiere electricidad para mantenerla.
El segundo tipo de memoria sí la necesita. Se trata de la Memoria de Acceso Aleatorio (RAM), que el ordenador utiliza para llevar a cabo tareas. La memoria convencional está hecha por multitud de transistores interconectados mediante un circuito. Este tipo de memoria es “volátil”, es decir, necesita ser alimentada continuamente por electricidad para mantener cada bit de información. Si apagas el ordenador sin guardar los datos en el disco duro, perderás esa información almacenada en la RAM.
Los ordenadores consumen en EE.UU. miles de millones de dólares en electricidad cada año para asegurarse de que no suceda. Hay alternativas a la memoria RAM, algunas memorias no volátiles. Pero tienen inconvenientes: son mucho más caras, pesadas o tienen demasiados chips para ser utilizadas en cualquier ordenador.
Ahora, investigadores de EE.UU. y de Corea del Sur, anuncian en la revista Nature la creación de un nuevo material que puede solucionar todos estos problemas. Este material, un compuesto de cristal orgánico, que está hecho a partir de bloques de construcción baratos, ha sido fabricado gracias a un “accidente afortunado”, según comenta Samuel Stupp, químico de la Universidad de Evanston, Illinois, que lidera este nuevo estudio junto con el también químico Fraser Stoddart. Stupp explica que Alexander Shveyd, un exmiembro del laboratorio de Stoddart, y ahora y ahora compañero postdoctoral de la Universidad de Rochester en New York, estaba experimentando con moléculas con forma de anillo, trabajando para crear pares de ellas que pudieran asociarse. Pero no tuvo mucha suerte. Pidió ayuda a Alok Tayi, un amigo del laboratorio de Stupp, ahora estudiante postdoctoral en la Universidad de Harvard. Juntos, ajustaron el diseño de las dos moléculas, y las llevaron a asociarse en posiciones alternativas, como cuentas en un collar.
Aquel diseño resultó tener otro beneficio. El nuevo material es ferroeléctrico, lo que significa que un lado está cargado de forma negativa y el otro de forma positiva. Aplicando un campo eléctrico a este material ferroeléctrico, los ingenieros pueden conmutar las dos cargas. Y una vez conmutadas, el material mantiene la orientación de la carga, a menos que se aplique otro campo. Esa orientación permanente de los materiales ferroeléctricos los hace muy adecuados para las memorias no volátiles.
Los materiales ferroeléctricos no son un concepto nuevo, de hecho, aquellos hechos de compuestos inorgánicos han sido utilizados durante décadas, incluso en algunos ordenadores actuales. Pero los materiales ferroeléctricos inorgánicos requieren un procesamiento muy caro, así que los investigadores han esperado durante largo tiempo a desarrollar otros más baratos. Los materiales ferroeléctricos orgánicos, sin embargo, no mantenían su orden molecular en la estructura cristalina, sólo eran estables a temperaturas bajo cero.
Pero el nuevo material trabaja a temperatura ambiente, ya que las moléculas se ensamblan de forma espontánea en cristales bien ordenados. Una molécula, llamada donante, tiene un electrón extra. La otra, llamada receptor, ha perdido un electrón. Las moléculas donante y receptora terminan asociándose para compartir ese electrón -aunque ambos tipos de moléculas pueden también formar enlaces con sus vecinas-. El resultado es que, mientras el donante en cada par se asociaba con su receptor más cercano por un lado, por el otro se alejaba del donante de otro par. De esta forma, los donantes y los receptores forman largas pilas, alternando donantes y receptores. La forma en que estas pilas se ensamblan convertía al material en ferroeléctrico, con una orientación eléctrica general en una dirección.
El golpe de gracia sobrevino cuando los investigadores aplicaron un campo eléctrico con una orientación opuesta al de los cristales. Los bloques actuaban como bailarines: los donantes empujaron a los receptores cerca, dejando a la deriva a sus parejas un poco lejos. Como resultado, la orientación eléctrica se conmuta, como los datos informáticos lo hacen entre el 1 y el cero.
“Este hallazgo es fundamental”, asegura categóricamente Takuzo Aida, químico de la Universidad de Tokio. Este investigador señala que el nuevo material puede necesitar algunos ajustes antes de convertirse en una tecnología viable para el almacenamiento de datos, algo en lo que Stupp también está de acuerdo. Pero, según afirma, estos bloques son fáciles de manipular para lograr otras estructuras. “Ahora que conocemos las reglas del diseño, podemos cambiar las moléculas y situarlas juntas de distintas formas”.

NUEVOS NANOSENSORES ACELERAN EL DESARROLLO DE FÁRMACOS

Se trata de microchips que evalúan la eficacia y los efectos secundarios de los medicamentos.

Un grupo de ingenieros y científicos de la Stanford University de California ha desarrollado nanosensores capaces de medir la efectividad de los fármacos y sus posibles efectos secundarios sobre el organismo humano, por lo que podrían acelerar el proceso de creación de medicamentos para distintas patologías. Los microchips pueden determinar, por ejemplo, la forma en la cual las proteínas se unen entre sí
Un microchip con una serie de 64 nanosensores. Imagen: Stanford University.
Nanosensores desarrollados por especialistas de la Stanford University de California, en Estados Unidos, pueden determinar la eficacia de un fármaco y sus efectos secundarios, agilizando así el diseño de nuevos medicamentos. Se emplean microchips que pueden precisar las características de las uniones entre proteínas, por ejemplo, entre otros procesos de importancia.
A través de una matriz de un centímetro de tamaño, los nuevos nanosensores pueden realizar un seguimiento continuo de las uniones de proteínas, alcanzando a evaluar miles de eventos más con respecto a cualquier otro biosensor existente en la actualidad. Asimismo, los nuevos nanosensores son capaces de detectar interacciones con mayor sensibilidad.
Por otro lado, entregan los resultados significativamente más rápido que los actuales sistemas. El avance ha sido difundido a través de una nota de prensa emitida por la Universidad de Stanford , y por un informe elaborado por los responsables de la investigación y disponible en el medio especializado Nature Nanotechnology.
Según Shan Wang, profesor de ciencia de los materiales e ingeniería en Stanford, los nuevos microchips pueden almacenar información de decenas de miles de proteínas de interés por cada unidad, permitiendo desarrollar los análisis y experimentos de unión de proteínas con suma rapidez.
Otro de los especialistas que participó de la investigación, Richard Gaster, explicó que en teoría estos nanosensores podrían comprobar la afinidad de un fármaco para cada proteína en el cuerpo humano. De esta manera, el camino que se abre en la investigación farmacológica a partir de este desarrollo podría ser muy alentador.
Una gran ventaja de este sistema de nanosensores es un modelo de análisis desarrollado por los ingenieros e investigadores que les permite predecir con exactitud el resultado final de una gran cantidad de interacciones entre proteínas, en sólo unos minutos. Las técnicas actuales suelen controlar no más de cuatro interacciones simultáneas, en procesos que pueden tardar horas.
El grupo de investigación de Shan Wang desarrolló esta tecnología de nanosensores hace varios años, demostrando su sensibilidad y efectividad en experimentos en los cuales se buscaba detectar mediante un biomarcador la proteína asociada al cáncer en la sangre de un ratón. Con esta técnica se obtuvo el éxito en una milésima parte de la concentración que las técnicas disponibles en el mercado requieren para realizar la detección.
Esta investigación anterior, resumida en un artículo de Nature Medicine en 2009, fue el antecedente principal que permitió llegar al desarrollo de los actuales nanosensores. Además de su utilidad en la industria farmacéutica y en el área de la medicina, este avance podría propiciar un fuerte crecimiento en el sector de los nanosensores de máxima potencia.
Tecnología disponible y económica
Un punto vital es que estos dispositivos se basan en el mismo tipo de sensor utilizado en discos duros de ordenador. Como los microchips utilizan la tecnología actual de la microelectrónica y los procedimientos existentes, los costes son muy bajos y permiten multiplicar rápidamente el número de nanosensores a utilizar.
Esta realidad es una de las ventajas más importantes de la investigación. Aunque durante los trabajos realizados se utilizaron un poco más de 1.000 sensores por centímetro cuadrado, los especialistas creen que se puede llegar a contar con más de 100.000 sensores por centímetro cuadrado, sin que esto requiera empujar los límites tecnológicos de la industria de la microelectrónica.
Los beneficios incluyen la posibilidad de predecir los efectos adversos de un nuevo medicamento antes de probarlo en un paciente humano. Para ello, los investigadores colocan en la matriz de los nanosensores las proteínas de una enfermedad determinada y de los órganos del cuerpo humano relacionados, para posteriormente sumar el medicamento.
De esta manera, se puede determinar con una rapidez inédita hasta el momento qué proteínas se unen con la droga y las características de esa unión. Los especialistas pueden apreciar la fuerza con la cual el fármaco se une a las células de la enfermedad, como así también a cualquier otra célula en el cuerpo humano.

UN NUEVO SENSOR DETECTA CONTAMINANTES DEL MAR Y LA TIERRA A TIEMPO REAL

Tiene la capacidad de apreciar más de mil colores, gracias a la tecnología híperespectral
Una nueva tecnología desarrollada por ingenieros y científicos de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, permite detectar en tiempo real la presencia de contaminación en tierra y mar. El sensor utiliza una tipología de cámaras denominada híperespectral, logrando apreciar colores que el ojo humano no advierte. Identifica más de mil tonalidades, analizando un volumen de información trescientas veces superior del que el cerebro humano puede procesar
Imagen de satélite del derrame de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon en el Golfo de México. Fuente: Wikimedia Commons.
Sensores desarrollados por científicos de la Universidad de Tel Aviv permiten optimizar el monitoreo medioambiental, gracias a su capacidad de detección de la presencia de contaminantes en tierra y mar. La nueva tecnología hace uso de una cámara híperespectral, con la que pueden apreciarse mil tonalidades diferentes, muchas de las cuales pasan desapercibidas para el ojo humano. Al mismo tiempo, logra procesar estos datos en tiempo real.
Fisiológicamente hablando, el ojo humano está capacitado para apreciar solamente las bandas de luz relativas a las gamas del rojo, verde y azul. La tecnología creada en Israel logra detectar más de mil colores, permitiendo el desarrollo de una nueva gama de sensores dedicada a revelar la acción de contaminantes y otros peligros ambientales en cada momento.
Según el profesor Eyal Ben-Dor, del Departamento de Geografía y Medio Ambiente Humano de la Universidad de Tel Aviv, la lectura de este amplio espectro de colores hace posible que el sensor analice una cantidad de datos e información que resulta trescientas veces superior a la que puede procesar el cerebro humano.
El sensor presenta además otras ventajas: es pequeño y fácil de usar, y sobre todo puede proporcionar un análisis inmediato, económico y preciso de bosques, zonas urbanas, tierras agrícolas, puertos y otras áreas, que a menudo sufren la acción de los contaminantes y de fenómenos como la erosión del suelo o los sedimentos de polvo.
Amplias e importantes aplicaciones
Este nuevo sensor permitiría obtener una mejor protección y monitoreo del medio ambiente, afirman sus creadores. El avance fue difundido a través de una reciente nota de prensa de American Friends of Tel Aviv University, y además se desarrolló en un artículo publicado en el medio especializado Remote Sensing of Environment.
El sensor permite obtener una importante información en tiempo real sobre las condiciones ambientales de un área determinada. Fuente: American Friends of Tel Aviv University.
El sensor podría tener tanto aplicaciones comerciales como científicas, por ejemplo colaborando con las empresas para cumplir con las distintas regulaciones medioambientales, principalmente midiendo el alcance de los daños ambientales causados por todo tipo de actividades industriales.
El dispositivo interpreta la radiación solar reflejada por un objeto material o por el propio medio ambiente. Cada color representa una reacción química entre dos compuestos diferentes. La lectura puede aplicarse a una distancia mínima de 0,4 pulgadas y de 500 millas como máximo.
Esto significa que se puede colocar en cualquier lugar del planeta, en aviones no tripulados, satélites o globos meteorológicos. La cámara híperespectral utilizada en este sensor también podría ayudar a los astrónomos a comprender mejor la composición de la atmósfera de un planeta determinado.
Datos en tiempo real y acción inmediata
Según explicó el profesor Ben-Dor, la tecnología ya se ha utilizado para estudiar diferentes ambientes, tanto en tierra como en mar, tratando de identificar áreas problemáticas desde el punto de vista ambiental. Uno de los sectores analizados ha sido el área cercana a las tuberías de gas.
En estos sitios, particularmente afectados por la contaminación ambiental, se ha detectado que las fugas de gas pueden ser especialmente perjudiciales para la tierra ubicada alrededor de las tuberías. En consecuencia, los sensores se pueden utilizar para controlar estas instalaciones y determinar la presencia de pérdidas y zonas afectadas.
Por otro lado, en las zonas agrícolas el nuevo sensor puede ser usado para determinar los niveles de sal en el suelo, permitiendo de esta forma la pérdida de cultivos frente a esta situación. Al mismo tiempo, la técnica también es efectiva en los puertos deportivos, que registran altos niveles de contaminación por combustibles o por los productos empleados como selladores en la parte inferior de las embarcaciones. En ese caso, la contaminación no solamente afecta al puerto, sino también a las playas cercanas.
Para concluir, cabe destacar que la gran ventaja de estos nuevos sensores es que hasta el momento las muestras de agua o tierra potencialmente contaminadas tenían que ser trasladadas a un laboratorio para su análisis. La nueva tecnología híperespectral, en cambio, facilita el análisis en tiempo real y la acción inmediata para mejorar las condiciones ambientales.

UN DEDO FALSO PARA INCREMENTAR NUESTRO SENTIDO DEL TACTO

En un futuro este sistema nos podría permitir tener sensación de tacto en entornos virtuales.
Una segunda piel con electrodos de oro para incrementar nuestro sentido del tacto, es lo que han desarrollado científicos estadounidenses haciendo uso de los últimos avances en nanotecnología.
El equipo de investigadores de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign Estados Unidos, presentó en la revista IOPS Science and Medecine un dedo de goma con sensores que permite a quien lo usa calibrar con mejor precisión factores como la temperatura, presión o grosor de un material.
Contenido relacionado manos robóticas que sienten lo que tocan. El mando para videojuegos que te hace sentir, tacto virtual para mejorar cirugías de tumores. En principio, se cree que el invento podría ser muy útil para médicos cirujanos,  pero en un futuro podría pavimentar el camino hacia la fabricación de dispositivos que nos permitan disponer de un sentido de “tacto virtual”.
Nano-electrodos de oro, el dedo artificial está hecho a base de goma de silicona al que se le acopló  a un circuito flexible hecho con láminas de poliamida. En el interior de estas láminas se ubicaron unos finos electrodos de oro y en el exterior se colocaron sensores que regulan la sensación amplificada del tacto.
Según explicaron los científicos, cuando la persona se lo coloca en el dedo nota un cosquilleo causado por pequeñas corrientes eléctricas reguladas por estos sensores dependiendo del material que se toca.
Este sistema eléctrico, explicaron, se alimenta de la energía proporcionada por una batería acoplada en la muñeca del usuario. El sistema podría usarse en la elaboración de equipamiento deportivo.
De acuerdo al trabajo, la idea de usar estimulaciones eléctricas moduladas para optimizar nuestras sensaciones cutáneas no es nueva.
Los primeros estudios se desarrollaron en la década de los 50, y durante los 70 se exploró la posibilidad de aplicarlo en la elaboración de aparatos y pantallas para personas con discapacidad visual.
Pero los últimos avances en materia de sensores y sistemas electrónicos flexibles, ha permitido el desarrollo de dispositivos electrónicos adaptables y no invasivos.
MC10, empresa estadounidense a cargo de comercializar esta tecnología trabaja ahora en conjunción con la firma Medronic para elaborar un sistema que permita colocar esta segunda piel en el interior de las paredes del corazón para monitorear su funcionamiento, sobre todo en personas con ritmo cardíaco irregular.
También se adelantó que MC10 está trabajando con la compañía deportiva Reebok en un producto que saldría a la venta a final de año.